Adiós al editor tradicional
«El algoritmo, el Big data, ha llegado para quedarse».

Hombre viendo pasar un tren. Adiós al editor tradicional. Algoritmo. Big data
Foto de David Hewitt from FreeImages

Los editores son una de las piezas
fundamentales en el mundo literario por muchas razones, pero una de las más
fundamentales es la toma de decisiones respecto que libros publicar.
En cada decisión se
están jugando el patrimonio de las editoriales
y por tanto, la
subsistencia de muchos profesionales que están detrás de ellas.
Por
eso, es tan importante fallar lo menos posible cuando se tira adelante una
publicación.
EL RIESGO DE PUBLICAR
A
nadie le extraña que el número de libros publicados en una primera edición sea
cada vez más bajo. Ya pasaron los tiempos en que se imprimían un millón de
ejemplares en una primera edición. Incluso los grandes superventas empiezan a
tener limitadas las tiradas. Los grandes números de ahora, en contadas
ocasiones, superan los cien mil ejemplares, y cruzando los dedos.
Solo
hay que pasarse por la lista de ventas de Nielsen anual para darnos cuenta que grandes nombres del panorama literario
español, a duras penas, llegan a los dos mil ejemplares vendidos
.
Ante
ese panorama, ¿quién se atreve con según
que libros?
¿Quién se atreve con según qué número de libros para una
primera edición? ¿Las tiradas cortas permiten una buena distribución? ¿Siguen
siendo los grandes nombres fiables?
Está
claro que, a día de hoy, si se quiere tener un libro en el máximo número de
librerías las tiradas no pueden ser excesivamente cortas.
Otro
tema sería que cada vez hay menos
librerías
y que no sabemos si el
futuro de la venta de libro se basará en el mercado digital
; y no hablo de
libros digitales, hablo de comprar libros en papel mediante una plataforma.
Si
fuera ese el extremo, el problema de la longitud de las tiradas desaparecería
al editarse libros bajo demanda.
Por
otro lado, hace unos días leí que ya ha llegado a España una máquina de impresión de libros al instante que lleva
años triunfando en Reino Unido. Una librería de Sevilla es de las primeras que
está utilizando dicho método. Tú le pides el libro que quieres y te lo imprime en siete minutos. ¿Será
ese el futuro de las librerías?
No
sé si llegaremos a ese punto, pero está claro que de nuevo el problema de las
tiradas desaparecería, pero no el de qué libros publicar.
EL ALGORTIMO YA ESTÁ
AQUÍ
Hasta
hace unos pocos años, la decisión de publicar un libro u otro se tomaba por la
suma del instinto del editor y sus años en el sector.
Hoy
en día, existen ya algoritmos que permiten estudiar los gustos de los lectores
con mucha precisión entre otros miles de datos.
Y
no estoy hablando del algoritmo de Amazon, pero algo tiene que ver. El llamado Big
data
aporta más datos de los que se pueden analizar. Por eso las
editoriales están incorporando a sus plantillas analistas de Big data para que hagan el trabajo de escoger los datos necesarios para saber qué
libros demanda el sector
.
Los editores comienzan a
confiar cada vez más en esos datos cruzados
para perfilar nuevas publicaciones
destinadas a un público concreto que tienen estudiado y controlado.
Con
ello, se aseguran un número de ventas potenciales que de la otra forma no tenía
y, por tanto, se puede entender que el
riesgo es menor
.
ADIÓS AL EDITOR
TRADICIONAL
¿Dar
paso a los avances tecnológicos, al Big
data
, puede suponer la muerte del editor tradicional? ¿Existirá el factor
sorpresa como pasó con grandes títulos como por ejemplo Soldados de Salamina de Javier Cercas o la, ahora superventas, Patria de Fernando Aramburu?
A
mi entender, el editor tradicional se
tendrá que reciclar
y sacar lo mejor
de los avances tecnológicos
, pero sin olvidar su oficio y ese olfato que le
llevó al éxito.
Los
editores tienen que seguir leyendo manuscritos de escritores desconocidos,
tienen que seguir buceando en el océano de lo improbable, y tienen que seguir
apostando con los ojos cerrados por algunas publicaciones. Además, no pueden olvidarse del filón del autor
indie
. Estamos viendo cientos de ejemplos de autores que han dado el salto
de la autopublicación a la publicación tradicional y con notable éxito. Un ejemplo
reciente podría ser el de David Orange y su La chica del semáforo y el hombre de coche. Podría poner muchos más ejemplos,
pero ese lo viví casi en primera persona y por ello me siento orgulloso de todo
el proceso.
El editor se tendrá que
acostumbrar a tener un compañero en su equipo
. Sí, es ese analista de datos con el que
tendrá que trabajar codo a codo para seleccionar parte de las publicaciones.
Me
gustaría pensar que una parte de la producción será la de escritores
consagrados en las editoriales, otra parte la que proviene del Big data y una tercera parte la
maravillosa incertidumbre de lo desconocido y bueno por conocer.
Creo
que de esa forma se podría completar el reciclaje del editor tradicional y dar
paso a un editor que está al día, pero
que sigue integro con sus ideas
sin poner en riesgo a la editorial. Además,
a todo esto le tenemos que añadir los bajos niveles de lectura en España y la
amenaza de las plataformas audiovisuales. Reciclarse
o morir
.
Y AHORA EN ESPAÑA
Por
lo que parece, aún estamos lejos de que los editores estén reciclados. Según
cuentan, las grandes editoriales están
utilizando el Big data sobre todo
para temas de stock y reimpresiones
. Con ello intentan no romper la cadena
libro-cliente y tener abastecidas las librerías, es decir, el Big data le anticipa cuando tienen que
reimprimir un libro para que todos los clientes los puedan encontrar sin
dificultades.
Y
hablado de reimprimir. He buscado un artículo muy interesante de Mariana
Eguaras en el que explica la diferencia entre nueva edición y nueva
reimpresión. Os lo podéis leer, ella lo explica muy bien, pero resumiendo, se
está utilizando mal el término. Casi siempre se nos habla de una nueva edición
y lo que se debería decir es que se ha reimprimido. Si no hay un cambio
sustancial en el libro nunca puede generar una nueva edición.
CONCLUSIÓN
Creo
que ha quedado claro que los editores necesitan reciclarse, que deben
aprovechar lo bueno de la tecnología para ser más efectivos y obtener más
beneficios a la vez de contentar al máximo número de lectores.
Todo
ello me lleva a decir que en la toma de decisiones se debe reducir el riesgo,
pero dejando un pequeño margen para lo nuevo, para lo arriesgado, para la
incertidumbre, pues sino los sentimientos se dejaran de lado y eso lo pueden
percibir a la larga los lectores.
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