Hoy os traigo una nueva colaboración con Cultura Hache.

 

Cuanto
más leo a Javier Cosnava, más cuenta
me doy de la fuerza de su palabra escrita, de la potencia de sus construcciones
argumentales, del buen oficio de escritor que ejerce.

Es
el tercer texto que disfruto de él, y cada uno de ellos tiene un formato
diferente. En Legendarium II, relato, en 1936Z. La Guerra Civil zombi,
novela, y en el libro que nos ocupa hoy, De
los demonios de la mente
, novela corta, y en todas ellas se defiende como
el mejor. Ya estoy pensando en lo que me queda por conocer de este genial autor
que está a punto de dar el salto internacional y poder así llegar a más
público.

Pero
aún y siendo formatos tan distintos todos tienen un punto en común: la
historia. A Javier le gusta situar sus narraciones en un contexto histórico
concreto y utilizar, como personajes secundarios, a celebres y conocido
protagonista de nuestra historia y crear así su particular visión de los
acontecimientos.

Me
ha parecido de una honestidad soberbia el epílogo, donde el autor nos cuenta
todas las licencias literarias que se ha tomado. Creo que en muchas obras haría
falta que se explicaran dichas licencias y poner cada cual en su sitio para no
llevar al error y sobre todo para poder evaluar la lógica novelesca en su
ámbito más amplio.

Pero
antes de seguir un apunte sobre el título. El nombre original de la novela es De los demonios de la mente, la angustia de
nacer mujer y un puñado de guisantes
y fue publicada por Dib buks en 2009. Creo que era
importante remarcarlo, pues en ese enigmático título se esconde toda la
argumentación de la novela como perfecto resumen.

Hablaba
de los personajes famosos que salen en la novela. No podré hablaros de todos,
ya que uno de ellos actuará como bomba de satisfacción final por ser
inesperado, aunque mientras leía yo me iba preguntando: ¿dónde habré sentido/leído
yo lo de “Pequeño propietario”? Javier nos tendrá en vilo hasta la última
página y jugará con ese misterio durante gran parte de ella creando un perfecto
catalizado emocional lector.

Del
que si podemos hablar es de Gregor Mendel
y su puñado de guisantes. Me ha parecido muy graciosa e ingeniosa la razón
argumental de su aparición. Incluso ha provocado que me ponga a buscar en la
red la certeza histórica de los hechos. Santa paciencia. Javier nos lo explica
en el epílogo final, pero soy así: inquieto. Lo que tenía claro es que no tenía
que buscar nada referente al “Pequeño propietario” para no desbaratar la
sorpresa final. Os lo recomiendo así.

De los demonios de la mente es una narración dura, diría que muy dura en algunos
momentos, y podría atragantársele a algún lector.

En
ella podréis encontrar escenas de perturbador contenido donde se retrata la
Europa de finales de S.XIX en la que las mujeres no eran ni un simple cero a la
izquierda.

Mientras
leía me preguntaba si era necesario leer esas escenas, que valor podrían tener
dentro de la novela y si existía otra forma de contarlas. Me hacían daño y casi
me obligaban a cerrar los ojos. Pero al acabar la lectura he entendido que eran
necesarias para que el círculo argumental casara bien. El horror estaba por
llegar.

Y
por dar algún dato más, he llegado a pensar en el Marques de Sade y sus
abominables escenas de sexo consideradas alta literatura en estos momentos.

Pero
no podemos cerrar los ojos a la historia. No podemos correr un tupido velo y
decir que no pasó nada. Creo que Javier escogió el momento histórico por varias
razones, pero tengo claro que uno de ellas es la de denunciar lo que se hizo
para que no vuelva a suceder.

Quizás
el párrafo anterior os haga desistir de su lectura. Creo que sería un error.
Javier consigue provocar sensaciones, sentimientos, generar conflictos morales.
¿No es eso algunas de las premisas que le pedimos a una novela?

¿Quizás te interese?