El demonio vestido de azul de Walter Mosley (1990)

Por Jordi Roncadio (@JordiRocandio)
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Como
algunos ya sabréis, soy un apasionado de los relatos cortos y de las novelas de
género negro, más en concreto del género denominado negrocriminal o Noir, un
género donde las historias te sumergen en situaciones límite, en lugares
oscuros y tétricos, con descripciones detalladas de garitos de los suburbios,
callejones mugrientos y peligros constantes. Un mundo donde podemos encajar con
buena nota esta estupenda novela de Walter Mosley, El demonio vestido de azul.

Tengo
que reconocer que me estoy aficionando a las características que nos ofrecen
las historias ambientadas a principios y mediados del siglo XX, donde los
protagonistas llevan a cabo sus pesquisas con herramientas totalmente
diferentes a las actuales. Me hace gracia la poca comunicación entre socios y
compañeros de trabajo debido a la necesidad de buscar un teléfono fijo desde
donde llamar, solo por poner un ejemplo, algo que ahora nos parece inverosímil.

La
trama es buena, con su buena dosis de crímenes y malas intenciones, con
personajes peligrosos y situaciones escabrosas, no demasiado enrevesada ni con
los giros inesperados de algunas obras del género, pero el autor transmite tan
bien la realidad de los personajes y los ambientes por donde discurre la
acción, que te sientes transportado a la ciudad de Los Ángeles de una manera
sencilla y fluida, en una época donde los guetos negros sufrían todavía con más
crudeza el racismo y la discriminación, viviendo situaciones que te ponen la
piel de gallina.

El
protagonista de la historia, el veterano de la II Guerra Mundial, Easy Rawlins,
se mueve a la perfección por el gueto negro de Los Ángeles, pocos años después
de la abolición de la ley seca, rodeado del jazz que tan bien llega al alma y
de unos personajes rocambolescos conocidos de toda la vida, es capaz de seguir
la pista de Daphne Monet, una chica blanca que interesa a su nuevo jefe DeWitt
Albright, un hombre excéntrico y peligroso al que no hay que enfurecer. Easy
acepta el trabajo motivado por su crítica situación personal, pero con la
convicción de no saltarse sus preceptos morales, algo con lo que tendrá que
luchar durante toda su investigación.

El
protagonista no tarda en verse envuelto por personajes poderosos, corruptos y
brutales crímenes, todo con un denominador común, la misteriosa chica blanca a
la que busca.

Por
otra parte, las instituciones policiales de la época no lo ponen fácil y no
tardan en visualizar sus desgarradores métodos para someter a los protagonistas
de la historia, aflorando la lacra del racismo y superioridad hacia las
personas de color.

En
conjunto la novela me ha gustado mucho, se lee muy bien y te engancha hasta el
final, por lo que recomiendo su lectura. Creo que se merece el éxito que tuvo
en su momento. Sin embargo, por ponerle alguna pega, en ocasiones el autor
abusa demasiado de nombres y seudónimos, cosa que hace algo complicada la
identificación de algunos personajes. A parte de ese pequeño detalle, Mosley
consigue lo que se propone, dar a conocer el lado oscuro de una sociedad poco
acostumbrada al punto de vista de autores de color, ya que muestra en toda su
crudeza la vida de un colectivo demasiado maltratado por todos.

Nos
leemos.


 SINOPSIS




Un hombre blanco, traje y sombrero blancos, zapatos blancos, incluso estilográfica blanca, entra en el bar de Joppy, en el corazón del gueto negro de Los Ángeles. Le han hablado de Easy Rawlins, un endurecido ex combatiente negro acostumbrado a moverse entre marginados, y viene a proponerle un negocio turbio: encontrar a una fascinante mujer blanca a la que le gusta frecuentar los garitos de negros y los clubes nocturnos en los que se toca jazz.

Es el tiempo de la posguerra, Easy Rawlins necesita dinero, ha perdido el trabajo, no quiere perder también la casa, y siempre ha tratado de mejorar, así que acepta. En el curso de sus pesquisas, Easy va a entrar en contacto con el mundo del poder y la corrupción, va a conocer secretos de políticos influyentes y va a penetrar en los dominios del crimen. La muerte a veces le rondará demasiado cerca… pero en las sucesivas etapas de su búsqueda, también descubrirá, junto al miedo, una desconocida sensación de libertad.

A través del accidentado y peligrosos recorrido de Easy Rawlins, Mosley describe con fuerza y verismo el ambiente de los garitos y las callejuelas, los dispersos recovecos del mundo que vive paralelo a la grisácea superficie , desde el despacho más suntuoso al sótano más mugriento, ofreciendo una imagen descarnada, difícilmente superable, de la vida de la comunidad negra en la ciudad de Los Ángeles.

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