Ignacio Cid Hermosome cautivó el año pasado con su primera antología
de relatos en solitario Textura del miedo que fue una de las
publicaciones que coloqué en mi TOP de lecturas 2012. Así que cuando
me enteré que publicaba su primera novela se me hizo la boca agua, y tengo que
decir que no me ha defraudado nada, que la novela se me ha hecho sumamente
corta y que creo que estamos ante la eclosión de un nuevo valor de la cantera
literaria española. Está claro que la suerte de encontrar una editorial que apueste
firmemente por él será la que tendrá la última palabra, pero amigos editores,
si yo tuviera la posibilidad de fichar a un talento así, no lo dudaría.

Siempre digo que cuando estoy leyendo una novela y pienso: “esto me hubiera
gustado escribirlo a mí”, es que la lectura está funcionando a las mil
maravillas y que la conexión con el autor es casi total. Desde la primera hasta
la última página he tenido esa sensación de querer ser el escritor que
afrontaba la escritura de El osito
Cochambre (23 Escalones, 2012)
. Su ritmo, sus situaciones, sus diálogos,
los personajes, el mundo onírico, ese perfume a Haruki Murakami, ese ir
lento sin que vaya sucediendo nada pero entramándose a la vez, todo ello me ha
cautivado de esta opera prima. No me extraña que el prologuista de Lantana: donde nace el instinto de DaríoVilas fuera el propio Ignacio ya
que las dos novelas respirar por bastantes poros comunes.

La novela está escrita en cuatro tiempos: el actual, el de la infancia del
protagonista (Mauro), el del pasado reciente (6 años atrás), y el de la gran
metáfora de la novela, y casi podríamos decir, la novela dentro de la novela,
la parte donde el protagonista utiliza al personaje del osito Cochambre, su
alter ego, para poder escapar de la dureza de aquellos primeros años. Se trata
del relato de un niño, una escritura expiatoria donde enfrentarse a los
fantasmas que lo asolaron. Más tarde los designios de esa escritura se puedan
convertir en realidad al escribir en muchas ocasiones aquello que queremos ver
suceder.

En esos cuatro tiempos veremos a Mauro deambular, retroceder en el tiempo,
buscar en su pasado para intentar solucionar aquello que no fue bien para poder
conseguir la felicidad deseada.

La vida de Mauro nunca fue fácil. Desde muy pequeño se vio frustrado por un
amor imposible y temprano por una maestra que no lo supo guiar en el camino de
las mariposas estomacales. Él se escudó en la escritura del relato del osito
Cochambre.

Tampoco tuvo suerte en su madurez al peder a su mujer cuando supuestamente
escapaba de él por una cuestión de celos.

Pero los años pasan y las cicatrices siguen latentes hasta que un buen día
se reencuentra con Elisa, una joven que le hizo acercarse de nuevo al amor más
salvaje.

Y cuando todo parece ir bien, la entrada en escena del hermano de Mauro
hará que todo se trunque. Será este el que recordará a Mauro que no puede salir
de la cueva tan alegremente. El osito Cochambre se intentará lamerse las
heridas, incluso cambiar su piel de trapo, pero como se suele decir, aunque el
osito se cambie la piel seguirá siendo Cochambre.

No estamos ante una novela negra al uso, pero yo creo que se puede
considerar como tal si nos atenemos a la definición amplia del concepto. Aunque
si lo miramos con lupa puede cumplir con los preceptos de Chandler.

El otro día leí que existe una tendencia a llenar  las novelas negras de sexo y e historia de
amor. A mí la verdad me da igual. Yo lo que quiero es vibrar con la lectura. En
El osito Cochambre encontraréis las dos cosas, sexo explicito escrito con mucho
atino y varias historias de amor poco usual que le dan un toque muy especial a
la narración.

Ignacio Cid también nos habla del sentimiento de culpa que nos persigue y
que sin el correspondiente duelo podría provocar que enloqueciéramos. Pero
también urde una buena trama con su correspondiente sorpresa final. De nuevo nos
encontramos ante una narración que va de menos a más en su ritmo y que acaba
con fuegos artificiales.

Siempre intento buscar alguna pega en las novelas que me han cautivado con
la intención de ejercer de mejora para el escritor si el lo considerara necesario.
Creo que aquí podríamos hablar de algunos diálogos un tanto forzados y que con
un poco de repaso podrían llegar a convencer por su naturalidad.

Por lo demás, un buen debut de una de esas voces narrativas que espero den
mucho de que hablar en el futuro.

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