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El otro día oí en un programa en el que
se hablaba del síndrome de la elección infinita e inmediatamente me dije: «¿No
será esa la causa de que últimamente estemos más descontentos con las lecturas
que hacemos o la causa de que leamos menos que antes?».

Recuerdo que hace unos años, no muchos,
antes de la irrupción de las plataformas digitales, yo iba cada jueves a la
capital a mi librería de referencia y, como si de un ritual se tratara,
dedicaba algo más de una hora a mirar todas las novedades que me exponían sobre
las diversas mesas. Al final de ese tiempo, tenía claro que quería leer y me lo
compraba. Casi siempre era un libro, pero a veces me compraba un par si veía
que era pequeño. Es decir, cada semana me compraba uno o dos libros para
leérmelos en la siguiente semana. Y no fallaba, era como un reloj, siempre
conseguía hacerlo y lo más importante: me satisfacían, no me equivocaba con la
elección.

Ahora nos topamos con muchas más
novedades entre las que elegir, ¿no tenéis esa sensación? Si miramos por
ejemplo la última publicación de novedades que presenté en el blog nos podemos
encontrar con ganas de leer la esperada novela de Domingo Villar, hemos
esperado diez años, El último barco,
pero como la lista de lecturas pendientes no la habéis empezado hoy, el libro
de Domingo Villar irá a ella en alguna posición, quizás la primera como en mi
caso. Pero quizás os interese saber cómo Carlos Zanón ha dado vida de nuevo a
Pepe Carvalho en Carvalho: problemas de
identidad
. Otro para la lista. Si os gusta tanto como a mí Susana Hernández
tenéis Los miércoles salvajes. Otro
para la lista. Ayer me enteré que Amélie Nothomb había publicado novela nueva, Golpéate el corazón. Otro para la lista.
Y podría seguir y seguir engordando la lista de lecturas. No hacen falta muchos
cálculos para ver que esa lista tiende a infinito.

¿Qué dicen los expertos que provoca esa
elección infinita?

Existen varias variantes.

La primera: pues que las posibilidades
de terminar el libro que tenemos entre manos sean más bajas que hace unos años
siendo el libro el mismo. La lista nos presiona psicológicamente y más en un
mundo en que nos sentimos, queramos o no, presionados por saber lo último. Todo
se vuelva más efímero, más volátil. Entonces, si esas primeras páginas no te
satisfacen de forma contundente y esperada, comienzas a darle vuelta al libro y
mirar de reojo a la lista. Consecuencia: libro dejado.

La segunda: es pasarte días y días
mirando la lista y peor aún, tocando los libros si los tienes en casa, sin
decidirte a leer ninguno. Tienes más miedo que antes a perder el tiempo y dejar
de leer aquello que realmente quieres leer, que por el contrario es todo lo que
tienes en la lista. Los libros empiezan a subir y bajar en esa lista en función
de tu estado de ánimo, en función de lo que has leído en blog o periódicos, en
función de los que has escuchado en radio… total, que el tiempo que antes era
de una hora para decidirse a leer se convierte en días.

En caso de libros digitales este
segundo caso es aún peor. Te puedes pasar días abriendo y cerrando libros,
leyendo una o dos páginas y pasando al siguiente si que nada te guste lo
suficiente, sin darle tiempo a desarrollarse.

La tercera: la realmente peligrosa para
los lectores. Que te agobien tanto las situaciones una y dos que decidas no
leer y te pases al enemigo: las series o películas. Pero aquí caes en un nuevo
bucle de elección infinita del que se podría escribir el mismo texto, pues por
desgracia estamos rodeados de elecciones infinitas simultáneas.

La proliferación de libros gratis en
plataformas como Amazon o Lektu también ha provocado que la lista de libros
pendientes crezca si medida. Por cierto, ahora mismo está Zombies en Leningrado gratis, una muy buena novela de Javier
Cosnava. Que el título no os engañe, no va de zombies. Es de la Segunda Guerra
Mundial y el poco conocido asedio de la ciudad de Leningrado y lo que en sus
calles sucedió. Aquí podéis leer mi reseña de la novela. Yo no dejaría pasar la
oportunidad de hacer crecer mi lista de pendientes.

Yo me paso cada día a ver qué libros
gratis hay en la plataforma, sobre todo negrocriminales, pero tengo mucho
cuidado de descargarme aquellos que realmente me parece que voy a leer en un
futuro. Pero la verdad es que muy pocos de esos libros los acabo leyendo y
engordan mi lista de pendientes.

Reconozco que el síndrome de la
elección infinita me ha afectado y que seguro que algunas novelas de las que he
dejado a medias hubieran tenido mejor suerte si dicho síndrome. Lo siento de
verás, pero no sé si tiene remedio.

No sé si podemos cerrar los ojos al
mundo y no buscar nuevas lecturas, ni saber de ellas. No sé si podemos hacer
alguna cosa para mitigar el síndrome.

No sé si a vosotros tenéis las
sensaciones que os he descrito u otras. Ya sabéis que estaré encantado de que
las compartáis conmigo. ¿Tenéis alguna solución para mitigar el síndrome de la
elección infinita?

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