«Hay que disfrutar del camino. Las metas llegarán. Me lo ha dicho un amigo».

Esta fue la frase final que me escribió un amigo escritor el otro día cuando conversé con él. 

Ya os contaba hace unos días en Una caricia inesperada que los escritores deberíamos estar para apoyarnos unos a otros. Pero esto es aplicable a todas las profesiones que existen.

Paraos a pensar un segundo si a vuestro alrededor los que son vuestros compañeros están para ayudaros o por el contrario, para haceros una zancadilla. Espero que sea la primera opción, pues si fuera la segunda alguna acción se debería tomar para que no fuera así, pues nadie gana, aunque el que hace la zancadilla crea que haciéndola él sí que gana. 

Hay que disfrutar del camino, lo he dicho y me lo he dicho en infinidad de ocasiones. Y es que muchas veces estamos más preocupados por lo que rodea al propio camino que de nuestros pasos. Debemos fijarnos en ellos, de verdad, nos irá mucho mejor. Ah, y además viviremos más tranquilos.

¿Por qué cuando publiqué el post 4 libros que recomienda leer Bill Gates este 2021, algunos, en vez de mirarlo con buenos ojos empezaron a decir que Bill Gates no se había leído un libro en su vida?

No entraré a defender a Gates, pero con el ejemplo lo que quiero decir es que de todo, de todos, podemos aprender. Por tanto, cuando miremos lo que pasa cuando caminamos que sea para aprender. Eso no tiene precio y además es gratis.

Por suerte, después de la conversación con mi amigo escritor lo pude animar, pues sería una desgracia privarnos de sus textos y es que él sabía muy bien la teoría, pero hay días en que cuesta mucho aplicarla: hay que disfrutar del camino. Las metas llegarán. Me lo ha dicho un amigo.

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