No siempre me guío por las frases que encuentro las portadas, pero en este caso tuve una fuerte atracción con el título, con la portada y con esa frase que decía que había sido la novela más vendida del año en Estados Unidos.

Bien, ya sé que estáis pensando: que eso no significa mucho con respecto a su calidad, pero la atracción ya estaba creada.

Si a eso le sumamos la lectura de la reseña de Marta Marne, que casi nunca me falla, pues ya tenemos próxima lectura.

No quisiera que se me pasara por alto comentar que es la primera publicación la autora, Delia Owens, de 70 años y que según cuenta, Kya, la protagonista de la historia, tiene mucho de ella. Hay una extraña historia en la biografía de la autora y su entonces marido, vivida en Zambia, en la que se les acusó de matar a un cazador furtivo de elefantes. Ella siempre ha declarado que es inocente y nunca se ha demostrado su culpabilidad. No os cuento más, simplemente que es una buena historia en la que inspirarse.

Y como decía en el primer párrafo, no me ha fallado la intuición, ni Marta. Me ha parecido una novela preciosa y a la vez desgarradora por toda la carga emocional que tiene.

Hace más de dos semanas que la acabé de leer y todavía a veces siento que estoy en medio de las marinas en las que vive Kya. No creo que haga falta decir que la ambientación es excelente y que te atrapa por sí misma; es un personaje más de la historia.

Sí, hay un muerto que podríamos decir que sirve de aliciente, aunque Kya y las marismas tienen tanta potencia que casi no haría falta.

La autora construye una trama de capítulos alternos. En unos nos explica el pasado de Kya y cómo se va acercando al presente. En los otros, estamos en el presente, con el muerto y la investigación criminal.

Creo que uno de los puntos fuerte de la narración es que la autora tiene claro que nos va a interesar más el pasado que el presente y hace que los capítulos dedicados a la investigación sean muy cortos. Así el lector sigue enganchado en la historia de la chica salvaje, la chica abandonada a su suerte, pero a la vez, la chica que se las sabe arreglar muy bien para salir adelante de una forma muy creíble.

Y hay un juicio, y muy interesante, por cierto. Al igual que os dije que en Muertes pequeñas de Emma Flint me pareció una repetición de lo explicado en la novela, aquí el juicio completa los huecos que la autora había dejado cuando, deliberadamente, creo, hacía los capítulos sobre la investigación muy cortos.

Para cerrar la reseña, creo que lo mejor que puedo hacer es tomar las palabras prestadas que Marta escribió como final de la suya y con las que estoy totalmente.

Dice: «La chica salvaje es una lectura que requiere de un poco de paciencia. Las primeras páginas transcurren reposadas y es probable que más de uno sienta la tentación de abandonarla: no lo hagáis. La recompensa será mayúscula si esperáis y os adentráis en Point Beach, en sus aguas y su maleza».

Pues ya lo sabéis. Tenéis toda una marisma y sus gentes por descubrir. Ah, y un muerto.

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