La vida sin experiencia – David Gómez Hidalgo

 

 
Le oí que decía que la vida sin experiencia no era vida si no existencia. Aparentaba unos setenta años, pero tenía claro que había cumplido algunos más. Los setenta de ahora son los cincuenta de hace unas décadas.
Me acerqué a la mesa en la que seguía charlando de forma animada con el que supuse un amigo de más o menos su misma edad.
Les pedí disculpas y permiso para sentarme a la mesa. Eso hizo que la conversación se parara en seco. Los dos me miraron con cara de pocos amigos y les faltó soltar un tú de qué vas.
Reaccioné rápido, no me cohibí y les expliqué que había sentido la fantástica frase sobre la vida y la experiencia. El amigo que siempre escuchaba dijo que de esas decía a decenas todos los días, que era un poeta sin musa, que le costaba muy poco explicar bonitas historias.
Asentí interesado, les pedí de nuevo disculpas y si podía continuar con la historia de hoy. Tenía ganas de acumular experiencia para sentirme vivo y en ese momento no vi mejor manera.
Fueron veinte minutos mágicos, maravillosos. Me recordó las batallitas que me explicaba mi abuelo cuando tenía poco menos de ocho años sobre la Guerra Civil que casi no había vivido. Un fusil sin balas, un descampado y a defender Granada como escudo humano. Pero esa es otra historia.
Finalizada la historia tuve ganas de aplaudir. Pero no lo hice por respeto. Lo que sí hice es extender una servilleta al estilo Messi y proponerle firmar un contrato editorial para la publicación de esas y otras historias que pudiera contar.
Había encontrado una mina y me sentía más vivo que nunca.
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