Por Enrique de la Cruz (@navegante_no)

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Hace
poco, escuchando el recomendable podcast de Javier Aznar para Vanity Fair y
Seagram’s Tónica (Hotel Jorge Juan), me dieron una de esas ideas que te hacen
pensar un rato más largo del habitual.

Hablaban,
para que lo sepan ustedes, de dos clases de personajes: los que quieren volver
a casa y los que no.

Manuel,
el protagonista de Los asquerosos, es
de los que no quiere volver a casa, como Holden Caufield, por ejemplo, el
adolescente protagonista del libro de J.D.Salinger El guardián entre el centeno.

Desde
luego, los motivos de uno y otro son muy distintos, como se verá ya en las
primeras páginas, pero no deja de ser el centro de la novela: la huida.

La
primera razón que mueve a Manuel es huir de la policía, como el personaje de Dos crímenes, de Javier Ibargüengoitia,
pero luego, con el paso de los días, de los meses, se va encontrando cómodo en
la soledad de su escondite.

Todo
lo que ocurre en esa etapa de la vida de Manuel resulta ameno. Aunque en sí el
trance parecería aburrido y monótono, Santiago Lorenzo se afana en explicar el
día a día de Manuel a través de un narrador que usa un lenguaje muy callejero y
con numerosas invenciones realmente originales. Despiertan en esta parte media
de la novela los ingenios de Manuel para valerse del entorno en busca de la
creación de algo parecido a un hogar.

Luego,
cuando la novela empieza a decaer (en mi opinión), el autor sabe remontar
sacando a Manuel de la soledad de la que ya disfrutaba plenamente en ese
Zarzahuriel paradisíaco. A partir de aquí (igual ya he contado demasiado), lo
mejor es que el lector de esta reseña se entere por sí mismo del devenir de
este peculiar héroe que acaricia la felicidad lejos de la ciudad, abandonando
placeres que él descubre accesorios como la higiene personal o incluso el placer
sexual.

Santiago
Lorenzo (Portugalete, 1964) nos da en esta novela, editada por Blackie Books,
una visión mordaz de nuestro mundo a través de los pensamientos y los
desprendimientos de Manuel, a través de sus necesidades. Es una historia
sencilla, alejada de complicadas mentes criminales y de asesinatos macabros,
bien terminada y que te deja un agradable sabor de boca, una reconciliación con
la literatura. Si es obra maestra o no, el tiempo, mejor que yo, dictará
sentencia.

Ah,
y si quieres una segunda opinión, hace unos meses, ya hablamos de Los asquerosos en Cruce de Caminos.


 SINOPSIS


Manuel acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene, menos necesita. Un thriller estático, una versión de Robinson Crusoe ambientada en la España vacía, una redefinición del concepto «austeridad». Una historia que nos hace plantearnos si los únicos sanos son los que saben que esta sociedad está enferma. Santiago Lorenzo ha escrito su novela más rabiosamente política, lírica y hermosa.

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