Hace dos días tuve un subidón y lo quería compartir con vosotros, pues son
esas pequeñas cosas las que al final nos llenan.

No sé si todos los que me seguís sabréis que en 2007 autopubliqué mi novela
“Bajo el eucalipto” y que su repercusión fue muy bueno dentro de mis
posibilidades de promoción.

Luego llegaron algunas reseñas de amigos que me hicieron creer que mi
trabajo no había estado del todo mal.

También me paraban por la calle aquellos que tuvieron la osadía de comprarla
y siempre me decían lo mismo: “no habrá una segunda parte”. Todo ello me llevó
a pensar que la novela había funcionado, y hoy sigo pensando que así es.

Hace pocos días se me acercó una alumna de 2n de ESO y, sin que yo mediara
en el tema y nunca hablara de ello, me dijo que se había hecho con mi novela y
que la había elegido como lectura optativa dentro de la asignatura de
castellano. Luego me enteré que otros alumnos habían hecho lo propio. Que
sucedan esas cosas le hace a uno sentirse bien con lo que ha hecho, y más
cuando hablamos de alumnos que tenían 7-8 años cuando publiqué la novela y que
con toda probabilidad nunca oyeron hablar de ella.

Pues hoy se me ha acercado y me ha dicho: “me ha encantado. ¿Vas a escribir
otra, no?”.

Los ojos se me han empañado y casi no he sabido que decirle, y más cuando
me ha preguntado de nuevo: “oye, la nota que le dejan en el piso la recogió el
amigo de él, ¿no?”. Yo le he contestado que sí y ella ha añadido: “ya decía yo”.

Además, una cosa que me preocupaba bastante, teniendo la profesión que
tengo, es la del impacto que podían tener algunas escenas de la novela en mis alumnos.
Se lo he preguntado y me ha respondido con total normalidad: “ah, que va. Geniales”.

Os diré que es una de mis mejores alumnas, una devoradora de libros, y una
buena escritora, además de música.

Llevo días pensado que tengo que quitarme mis miedos a volver a escribir,
pues lo confieso, tengo miedo a no poder volver a escribir con el tono y la
fuerza que lo hice en su día. Por ello, porque llevo días pensándolo le he
dicho como despedida: “no te preocupes, antes de que te vayas de la ESO
publicaré una nueva novela”. Uf, las promesas no se rompen, ¿verdad? Y menos a
una alumna. Tendré que ponerme manos a la obra.

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