Murder Parties, detectives por una noche…o asesinos

por Noelia
Santarén

Hay
un asesino rondando por casa y tengo que dejarlo corretear a sus anchas porque
hoy no es mi casa, sino una mansión de estilo victoriano del siglo XIX. Y se va
a cometer un asesinato… pero ¡os dejo que soy la anfitriona y tengo que
preparar cena para ocho!


amigos, ¡¡hoy hablamos de las murder
parties
!! O lo que es lo mismo, reunirse con los compis para que se cometa
un asesinato y sea resuelto por vosotros mismos a lo largo de la velada.

Sucedió la navidad
pasada. La noche estaba cerrada, el aroma de la cena danzaba por la casa
mezclándose con el efluvio de una tormenta en ciernes. A las nueve llegarían
los invitados, cada uno de una parte del continente. Cada uno disfrazado del
personaje que asumiría durante unas horas. Las invitaciones habían sido
enviadas y todos conocíamos nuestra identidad.

Pero
no la trama de la historia.

Sentados alrededor de la
mesa, el mantel rojo y blanco con motivos navideños, las luces del árbol en
slowglo y un cuadro cutre que tengo que me enamora, de velas nevadas con
iluminación incorporada. Todo era empalagosamente navideño hasta que… ¡un
muerto!

¿Por
qué a la mente le da tanto miedo la muerte y a la imaginación le pirran los
asesinatos? Todos estábamos encantados de ser Sherlock Holmes o la señorita
Marple por una noche. Serví el vino y pusimos el audio que nos introduciría de
lleno en la trama. A continuación, nos presentamos y no hizo falta nada más;
dejé de ser Noelia para convertirme en el personaje de turno -bueno, en mis
múltiples periplos a la cocina tuve que regresar a mi humilde identidad ya que
mi personaje -una pijales – no tenía
pinta de saber cocinar.

En
la mayoría de murder parties cada
personaje tiene un guión que se va desvelando a medida que avanzan los actos.
Algunos de mis invitados, listos, tomaron apuntes, aunque yo, entre cucharón y
espumadera apenas pude coger el bolígrafo. Como es importantísimo no confundir
la identidad de los personajes, optamos por hacer tarjetas con los nombres.
Algunos añadieron algún que otro gorro, boa o pipa a su atuendo. A mí me daba
vergüenza, pero descubrí que no se trata de disfrazarse sin más, sino de
facilitar la identidad a los compañeros. Además, nuestros nombres distaban
mucho de parecerse al de Pepe, Manuel, Ana o Isabel, con lo que una boa o un
sombrerito facilitaba bastante la puesta en escena.

Pensé
que podría con los aperitivos, entrantes, plato principal y postre para ocho
-ojo que una cena de navidad no es la de un viernes cualquiera- y, además,
resolver el asesinato. Ay, inocente de mí, o soy más chula que un ocho o
ignorante perdida. Nuestra murder party
fue compleja, más de lo que me había imaginado. Vamos, que entre gamba y gamba
no me enteré de nada. Pero le puse empeño. La tontería duró casi tres horas y
todavía no me explico cómo pudimos hablar tanto sin tocar ningún otro tema que
no fuera el de la trama y su resolución.

Y
digo yo, ¿por qué gustan tanto los juegos de deducción?

No
me negareis que hacer una murder party es original y divertido. Eso sí, todos
los participantes deben implicarse, no vale hacerlo poniendo media neurona
porque el juego no sale y entorpece la dinámica. En nuestro caso, creo que casi
todos éramos vírgenes al respecto, con la ilusión y las expectativas que la
virginidad conlleva. Los ocho teníamos muchas ganas de que llegara el día;
primero por la cena anual y segundo, por el agregado de la murder party. Fue un
éxito, nos encantó. Incluso una que odia todo lo relacionado con lo
negrocriminal se lo pasó teta y se implicó como la que más.

Quién
lo hizo, por qué, cuándo, dónde… añade estas preguntas a cualquier cena y el
entretenimiento está asegurado. No soy experta en el tema, como veis, pero creo
que, si la dificultad es baja, se pierde el interés. En mi caso, la resolución
me dejó perpleja. Creo que sólo uno de nosotros adivinó quién lo había hecho y
por qué. Ya se sabe, si todos tuviéramos madera de Sherlock Holmes, Conan Doyle
se habría quedado con un palmo de narices.

Chicos,
un consejo, si tenéis en mente realizar una murder
party en casa, escuchad a esta
pringada: dejaros de marujear en la cocina, pedid una pizza y disfrazaros…, la
trama os lo agradecerá.





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