Por Noelia Santaren

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Antes de que
leáis el nuevo artículo de Noelia os quería anunciar que tiene nueva novela.

Lleva por
título Galantus Nivalis: La matriz cristalina de la mente eterna, una carrera contra el tiempo, una aventura
llena de curiosos personajes, un viaje por distintos mundos, dimensiones,… Si tenéis curiosidad, seguid el enlace.

Y ahora sí:
Que no te den gato por liebre.


El otro día le
estaba comentando a un conocido, bueno, más que comentar le pedía a gritos que
me aclarase el gran enigma de por qué una novela mediocre (mala, para ser
sincera) está petando el mercado editorial y se vende como churros
. Y me
respondió muy tranquilo que eso daba para escribir un artículo de reflexión… y
en eso estoy, en escribirlo y en reflexionar acerca de este gran misterio que
me descoloca y me exaspera por igual.

Además, como
estamos en Navidad, va genial que hablemos de cierta tendencia a regalar libros
que nadie va a a leer. ¿Hay algo más triste que un libro virgen en una
estantería repleta de polvo? Ese libro guarda anhelos, deseos, mundos creados y
perfilados según las ideas de una persona, su autor o autora; almacena
esfuerzo, tiempo y dedicación.

Merece un
respeto…

…siempre y
cuando el libro te respete a ti como lector, claro está.

Y de eso
quiero hablaros hoy, del respeto mutuo entre libro y lector. Porque estoy
viendo demasiado bullying literario y
eso me cabrea una barbaridad
. Escritores que no lo son, pues un escritor no es
el que se pone a escribir, sino el que escribe dominando la técnica. Si yo cojo
un bloque de madera y me lío con el cincel, ¿soy ebanista? Si alguien coge un
lápiz (léase un ordenador) y se pone a escribir, ¿es un escritor? Para mí no.
Es una posibilidad en latencia, si se le da bien de forma innata tendrá que
pulir su método, dominar unas técnicas, perfeccionar su estilo, etc.

Y ese es el
problema, que el mercado editorial está plagado de posibilidades en latencia
que, a juzgar por la calidad, se quedarán en eso, en posibilidades. No me
refiero al escritor novel que tiene mucho que dar y está verde…, me refiero al
escritor que no tiene nada por exprimir y que ni siquiera se da cuenta de ello.

Y me cabrea
porque yo me estoy gastando dinero, tiempo y dedicación en leer algo que me falta
al respeto. ¿Sabéis por qué escribo esto? Porque se me ocurrió leer (bueno, lo
intenté) una de las novelas que están causando furor en el mercado editorial
español. No tenía grandes expectativas, pero la sorpresa que me llevé fue
mayúscula. Para mal, por supuesto; para requetemal. Y no es ni la primera, ni
la segunda, ni la tercera, ni la cuarta vez que me pasa.

Hace muchos
años, cuando era universitaria, tenía un profesor que era crítico literario de
uno de los periódicos más famosos del país. Yo lo admiraba, al profesor, era
una eminencia. Me confesó que tenía diez libros pendientes para reseñar. Pues sí
que lee usted rápido, le dije. Qué va, respondió con sorna, casi nadie los lee,
con (h)ojear unos fragmentos ya es suficiente.

Confieso que
desde ese momento no he vuelto a comprar un periódico cultural. Y también
confieso que gracias a esas palabras entendí muchas de las odiosas críticas que
había leído y que no se podían coger ni con pinzas, pues eran catarsis
personales que poco o nada tenían que ver con las obras objeto de esas columnas.
Hay otras, por supuesto, que cumplen con su trabajo a la perfección. Y lo
agradezco.

Nunca se debe
olvidar que para gustos los colores. No aludo al lector que coge un libro malo
y le gusta (a mí me han pirrado obras catalogadas como menores), sino con
vender gato por liebre.

¿Compramos sin
molestarnos en saber lo que compramos o es que hay mucha necesidad de regalos
de conveniencia?

Porque queda
muy cool regalar el libro de ese
cómico tan famoso y que tal vez dentro de un año nadie se acordará de él. ¿Por
qué hacemos esto? ¿Cuántos miles de libros hay olvidados en las estanterías de
las miles de casas de cada país?

¡Libros
vírgenes que jamás han sido abiertos!

¿Hay algo más
triste?

Mi reflexión
me ha llevado a dos conclusiones: o estamos locos o nos hemos vuelto tontos.

No sé cuál de
las dos me satisface más. De modo que he reflexionado un poco más y me decanto
por la primera ya que si estamos locos quiere decir que hemos perdido la
cordura y eso nos exime en parte de nuestras decisiones, ¿no? Es que si decido
aceptar que miles de personas están comprando novelas malas y no se dan cuenta
de la calidad, me hundo en la miseria.

¿¡Qué nos está
pasando!?

Jamás
recomendaría leer El Quijote o La Divina Comedia, obras sublimes donde
las haya y que yo leí por obligación (y estoy muy muy agradecida por ello,
porque realmente son obras de arte que disfruté sobremanera, pero también son
arduas de leer, lentas y muy exigentes; vamos un tostón para las mentes
hiperestimuladas de hoy en día), pero tampoco quiero que los lectores consuman
cualquier cosa que la publicidad les pone bajo la nariz.Soy lectora de best-sellers, los considero un descanso para la mente, libros que
no requieren de mucha atención, ni de reflexiones ni de cavilaciones profundas
y que mantienen tu vida emocional a salvo de intensas conexiones empáticas. Son
blockbusters para relajarse y no
pensar en nada más. Y son necesarios, especialmente para los que también leemos
obras clásicas. Eso sí, leo best-sellers
de calidad y por calidad entiendo que estén bien escritos (sin aspiraciones
literarias, pero bien escritos), que tengan personajes más o menos creíbles y
que la trama siga unas pautas de desarrollo coherentes. No desdeño las novelas
de difusión masiva, pero exijo un mínimo de respeto.

Una vez,
cuando estudiaba la carrera, se me acercó una compañera y me hizo un comentario
malicioso sobre la saga de Harry Potter. Recuerdo que la observé con calma y le
dije que si había una escritora que había conseguido que miles de niños de todo
el mundo cogieran con ilusión un libraco de 500 páginas y lo leyeran dos y hasta
tres veces…, que me quitaba el sombrero y me arrodillaba ante ella. Besaba el
suelo si era necesario. Harry Potter es creatividad al
cubo y cumple a la perfección con su escritura, estilo y ritmo de lectura. ¿Qué
vas a darle a un crío de diez años, El desierto de los tártaros? Ya me lo leí con veinte y sufrí lo mío.

En definitiva,
me gustan los best-sellers, pero pido
un mínimo de respeto por ese lector que se está dejando tiempo y dinero en una
obra. Sólo pido un poco de respeto por parte de las editoriales.

Y pido a los
Reyes Magos un poquito de cordura y de competencia para todos los lectores,
porque como sigamos comprando malas novelas, prefiero ni pensar en cómo acabará
esto…

Amaos un poco,
por favor, que no os den gato por liebre.

En serio, no
somos tan tontos.

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