SINOPSIS

Blitz podría ser una tragicomedia romántica. Pero como ese género no existe, estamos invitados a ignorar las etiquetas y centrarnos de manera apasionada en la peripecia de los personajes. En especial de Beto, un joven arquitecto paisajista que llega a las costas de Múnich en medio de un naufragio vital y sentimental. Invitado a participar en un concurso que podría solucionar sus perspectivas de futuro, ha llegado acompañado por su novia. Pero, casi al instante, su estancia en Alemania se convertirá en una comedia humana. Bajo el destello de un relámpago, que es exactamente lo que significa la palabra blitz, tendrá que afrontar un cambio de vida y de ideales.

He
leído todas las novelas de David Trueba
y hasta hoy consideraba que con cada nueva publicación el autor iba creciendo.
Me lo pasé de cine con Abierto toda la noche; me reí muchísimo recordando mi juventud con Cuatro amigos; me quité el sombrero
ante el novelón Saber perder.

Cuando
vi que publicaba nueva novela, y más después de tantos años, no pude resistirme
y el mismo día que salía a la venta la fui a comprar. La puse en un lugar bien
visible donde la portada me iba diciendo léeme,
madurando así el inicio de la lectura para que no se convirtiera en un polvo
rápido y más viendo que tenía tan pocas páginas, y digo pocas porque tenía muchas
ganas de leer a David Trueba, de disfrutar de su buen hacer.

No
me cansaré de repetir que las grandes expectativas llevan consigo, en la mayoría
de los casos, las mayores decepciones.

Unos
días antes de que iniciara la lectura una compañera de trabajo, lectora como yo
del autor, me comentó, hombre, tiene un
inicio un tanto raro, pero luego la cosa se arregla. No es la mejor novela,
pero se deja leer.
Malo, pensé yo.

Y
no me equivoqué al pensar que la cosa no iba a ser cómo yo pensaba. No lo
alargo más: Blitz ha sido una gran decepción.

Pero
antes de llegar a esa conclusión una imágenes ilustrativas de lo que fue mi
lectura.

La
inicio con muchas ganas, aunque no las mismas que tenía el día que la compré al
haber hablado con mi compañera de trabajo. Iba advertido, pero que razón tenía.
El inicio es horroroso. No engancha ni con cola. Le comenté a mi compañera, llevo cuarenta páginas y si no fuera David
Trueba la novela ya estaría en el cementerio de libros olvidados, esos que
pasada la página cuarenta no te dicen nada
.

Me
está costando escribir esto, pero no os quiero engañar.

Llegados
a este punto siempre digo lo mismo, dejad de leer la reseña y leed la novela si
os hace ilusión, si sois seguidores como yo del autor, quizás vuestra
experiencia sea diferente.

Y
la cosa no mejora.

Seguí
leyendo por ser quién era el autor y por encontrar lo que me prometió mi
compañera de trabajo, que la cosa mejoraba; pero no mejoró. Tampoco voy a decir
que fuera a peor, pero la historia del Berto de turno no me convencía nada.

¿Dónde
está el David Trueba que nos hacía vibrar con sus palabras? ¿Dónde el que nos
hacía reír? ¿Dónde el ingenioso que jugaba con mil personajes a cuál mejor?
Berto y Helga (súmale a Marta y el cantautor) no me han causado ningún tipo de
emoción y creo que es muy importante para una novela que los personajes te
digan algo o como mínimo que tengas ganas de seguir leyendo por saber más sobre
ellos. He acabado la novela y me ha dado absolutamente igual lo que les hubiera
sucedido.

Las
prisas no son buenas. Creo que el tempo de la novela no está bien llevado. En
la primera parte se entretiene con una historia de lo más aburrida y poco creíble
(quizás si la novela funcionara, pues miras para otro lado). En la segunda coge
la directa fotografiando las escenas que necesita explicar y ir pasando los
meses para llegar a Diciembre (necesidades del guión).

Blitz, relámpago en
alemán, ese que se ha llevado al autor de Saber perder y que nos ha dejado una
caricatura del mismo.

Apunte
de humor, creí que era el momento que Blitz remontaba: pajista, nombre que se
le da a un paisajista pajillero. Una pequeña mueca consiguió.

Me
da que David Trueba ha querido jugar a ser Amélie Nothomb, pero como la belga
solo hay una. El experimento le ha estallado en las manos.

Esperaré
la próxima novela de David Trueba con las mismas ganas, o quizás con más, con
la que esperé Blitz. El autor de Saber perder se lo merece.

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