San Telmo de Fernando Freire
«La historia de los anónimos exploradores de la Antártida».

Un barco surcando el mar de la antártida para dar pie a la verdadera historia de los primeros exploradores anónimos de la antártida a bordo del San Telmo
Imagen de andries Koopmans en Pixabay
Este artículo es un annexo en forma de nota de autor al relato El exvoto de Fernando Freire publicado en Cruce de Caminos y que amplía la historia relatada con los datos reales de esa magnífica aventura. Os recomiendo leer antes el relato y luego este artículo, aunque se puede hacer por separado. 
Hace una semana publiqué
en Cruce de Caminos el relato «El exvoto» en el que ficcionaba la historia del
barco San Telmo. Se podría considerar al barco y sus tripulantes los primeros
exploradores anónimos de la Antártida.
Me dispongo a escribir
estas líneas porque me gustaría aclarar algunos puntos en lo referente al
anterior relato.
   Mi idea al escribirlo, por una parte, era
dar a conocer al gran público una curiosa tradición marinera que no ha dejado de
llamarme la atención desde muy pequeño; la tradición de los exvotos. He
intentado expresar en el relato, en qué consistía esta curiosa tradición, su
significado, y describir la sorpresa que causaría en una persona desconocedora
del tema. Por suerte, aún hoy en día, nuestro país todavía cuenta con muchas
modestas iglesias y ermitas donde se pueden apreciar estas curiosas ofrendas
esparcidas por nuestra hermosa costa.
   Por otra parte, aclarar que la historia del
viejo marinero es, en todas sus partes, fruto de mi imaginación. El
calificativo con el que se quiera etiquetar a dicha imaginación, queda a cargo
del lector que se hubiese interesado en dicha historia, incluida —por supuesto—
el hallazgo de un barco de madera —ya no digamos todo un navío de línea—
incrustado en un iceberg a la deriva frente a las costas Antárticas. No así la
historia del San Telmo.
   Para quien no pueda conocer todavía la
historia de este antiguo navío de la Armada Española, me permitiré hacerles un
resumen a continuación con los datos que conozco a día de hoy y que me llevaron
a escribir sobre él.




   El San Telmo, construido en El Ferrol
siguiendo el diseño de José Romero Landa —que sustituyó a Gautier en lo
referente en diseño de buques para la Armada Española en 1782— fue botado en
junio de 1788. Este buque, con un diseño bastante mejorado, pudo servir en
varias misiones a lo largo del globo, enarbolando los colores españoles. Dichas
misiones lo llevarían a poner proa a lo largo y ancho del Océano Pacífico, el
Océano Atlántico y el Mediterráneo. Aunque puede que la misión más curiosa
prestada para la Armada, fuesen una serie de pruebas en las que participaron
dos tipos de diseños navales, los «Gauterianos» y los «Ildefonsinos» donde se
ponían a prueba las cualidades marineras de cada uno para ver cuál era mejor,
ganando los «Ildefonsinos» por ser mucho más maniobreros, perteneciendo el San
Telmo a estos últimos.
   Extensa hoja de servicios que terminó casi
definitivamente, con la invasión napoleónica, dándole más recursos al Ejército,
lo cual llevó a muchos de los barcos de la Armada al deterioro irreversible.
Bajo estos hechos, los territorios Españoles Americanos comienzan a sublevarse,
y el rey en ese momento, Fernando VII, decide enviar una escuadra al Virreinato
de Perú con refuerzos que permitan controlar las revueltas. Fue así como el San
Telmo vuelve a hacerse a la mar como buque insignia de la denominada «División
del Mar Pacífico», al mando del brigadier Rosendo Porlier. Así, en mayo de
1819, zarpa del puerto de Cádiz las siguientes embarcaciones con rumbo al
puerto del Callao: el navío San Telmo, el navío Alejandro I —el único barco que
se salvó del desguace de un lote comprado a Rusia y que forma parte de uno de
los episodios más pésimos de la administración de la Armada—, la fragata Prueba
y la fragata mercante Primorosa Mariana.
   Desde el comienzo de la travesía, se hacía
patente el desgaste y los problemas causados por el deterioro en el San Telmo,
aunque el que se encontraba en peor estado era el Alejandro I. Pasado el
ecuador, se había alcanzado tal situación, que se ordena al Alejandro I que
regrese a España, debido sobre todo a su imposibilidad de seguir al resto de la
escuadra. Quién sabe si la tragedia que empañaría esta singladura no hubiese
sido más dramática si el Alejandro I hubiese intentado bordear el Cabo de
Hornos con el resto de sus compañeras de singladura.
   De este modo tenemos a las dos fragatas y el
San Telmo que, tras aprovisionarse en algunos puertos de Sudamérica —como
Montevideo— parten hacia el sur con la esperanza de bordear el Cabo de Hornos.
El 2 de septiembre de 1819 el San Telmo, debido a varias averías —entre ellas
una que afectarán ala pala del timón— pierde el gobierno y, a pesar de los
intentos de las fragatas para remolcarlo, queda a la deriva en las frías aguas
del círculo polar Antártico.
   El destino del navío y de los casi 640
hombres que iban a bordo se volvió desconocido. Algunas expediciones inglesas,
uno y tres años después de que se viese al San Telmo por última vez, llegaron a
la Antártida y, al parecer, pudieron llegar a constatar por escrito que habrían
visto en aquellas heladas costas los restos de un navío que probablemente se
trataría del San Telmo. James Weddel —que habría llegado a las costas de la
Antártida en 1822— parece ser que no solo habría encontrado los restos de un
navío que probablemente habría sido español, sino que habría llegado a la
hipótesis de que un grupo de personas podría haber estado en dichas costas
durante una larga temporada. Esto podría haberlo constatado gracias a los
restos de algunos animales —como focas— que estaban dispersos por la zona, al
parecer, tras haber sido cazadas e ingeridas como alimento a los supervivientes
de tan aciaga travesía.
   A finales de la década de los noventa, un
grupo de geólogos, arqueólogos y marinos de la Armada, con el catedrático de la
universidad de Zaragoza, Manuel Martín Bueno a la cabeza, llegaron a explorar
la zona en varias expediciones, hallando en la costa algunos restos
interesantes, como cierta vestimenta y utensilios que podrían haber sido
propiedad de marinos y oficiales españoles de la época del San Telmo, aunque
todavía no se ha podido dar con el pecio.
   Lo que sí es cierto, es que a pesar de que
los exploradores ingleses, oficialmente, han sido los primeros en pisar el
continente Antártico, a día de hoy se le ha dado el nombre de San Telmo island
a una isla cerca del cabo Shirreff en la isla Livinstone. Y en esa isla —bautizada
con el nombre de nuestro protagonista—, en la playa de la media luna, se podrá
encontrar una placa donde se recuerda a los cerca de 640 hombres que iban a
bordo del San Telmo. Espero que, emulando al viejo marinero y al joven
periodista, estas líneas sirvan también como homenaje a los hombres del San
Telmo y como una forma de dar a conocer esta azarosa historia a las personas
que todavía no la conozcan.
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3 comentarios en «San Telmo de Fernando Freire
«La historia de los anónimos exploradores de la Antártida».
»

  1. Una historia muy interesante, épica incluso. Hoy es de esos días en que puedo decir aquella máxima de no te acostarás sin saber algo nuevo. ¡Y no he hecho otra cosa que levantarme! Gracias a Fernando Freire por el artículo.

  2. Buenas 17.
    Me alegro que te haya gustado. A mí me apasionó cuando Fernando me lo envió y creo que es una historia no muy conocida y de suficiente interés.
    Da incluso para novelar.
    Saludos.

Los comentarios están cerrados.