Si esto es una mujer de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo (2019)

Si esto es
una mujer
es la cuarta novela que escriben a cuatro manos Lorenzo Silva y Noemí Trujillo
y la primera de una nueva serie policial protagonizada por la inspectora Mauri.

El personaje fue creado por Lorenzo Silva hará
unos tres años cuando escribió un relato titulado «Carabanchel Blues» para la
antología de Siruela, Madrid Negra, y
posteriormente enriquecido por la pareja para darle la forma que podemos
disfrutar en el libro. Y por lo que cuentan las crónicas, han quedado tan
contentos que ya tienen una nueva historia preparada.

Es complicado olvidarse de Bevilacqua y Chamorro
cuando uno lee al Lorenzo Silva negrocriminal. Su fuerza es tal que ganó el
Premio Planeta 2012 con una de sus historias, La marca del meridiano y antes había ganado el Premio Nadal 2000
con otra de las aventuras de la pareja benemérita, El alquimista impaciente. Pero el buen trabajo de la pareja en las
primeras páginas de Si esto es una mujer
construyendo a conciencia el personaje de la inspectora Manuela Mauri y su
prehistoria, consigue el efecto deseado: que te olvides de la pareja de
Guardias Civiles, aunque haya un guiño de ojo al aparecer Bevilacqua haciendo
un divertido cameo en la novela.

«La
luz es más bella cuando alumbra la oscuridad».

Una de las ventajas argumentales de la nueva
serie es que se abre a un mundo de nuevos casos que con la pareja de Guardias
Civiles hubieran sido más complicados de justificar.

En esta novela, creo que la elección del caso
tiene un efecto de justicia social, pues el cuerpo que se encuentra es el de
una mujer negra, de la que se desconoce la identidad, que tiene toda la pinta
de ser una inmigrante sin papeles y que con toda probabilidad ejercía la
prostitución. ¿A quién le podría interesar un caso así? ¿Existen los muertos de
clase A y los de clase B? Es un debate que se pone sobre la mesa en la novela.

Esa duda podría hacernos mucho daño, pero por
suerte está la inspectora Manuela Mauri para tranquilizarnos, pues ella ejerce
su trabajo por igual ante cualquier víctima.

Ah, se me olvidaba. Por lo que he podido leer,
la novela se basa en un caso real ocurrido en 2003 en la localidad madrileña de
Boadilla del Monte: el asesinato y descuartizamiento de una prostituta
nigeriana, de 22 años, cuyos restos fueron arrojados en varios contenedores de
basura. Un caso que impactó a Lorenzo Silva y que quedó en su subconsciente
hasta día de hoy que le ha dado forma junto con Noemí Trujillo.

La subtrama familiar tiene mucha fuerza en esta
historia. Como explicaba, al principio necesitaba de un gran desarrollo para
poner al lector en situación. Además, esa subtrama es bastante diferente de lo
que he leído últimamente y la hace por tanto diferente y diferenciada, poniendo
de relieve que aunque se esté luchando por tener una igualdad de género de
forma universal las cosas a la práctica continúan como continúan. Aún queda
mucho camino que recorrer.

Siempre que uno lee una novela escrita a cuatro
manos es inevitable intentaba ver, como en esta novela, si un capítulo era más
Silva que Trujillo. Bendita utopía. Por lo que he podido leer a la hora de escribir
esta reseña, parece que los doce primeros capítulos son Trujillo y los doce
siguiente Silva, aunque viviendo como viven juntos es muy fácil que al final
uno pueda influir positivamente en el otro para conseguir el conjunto. Con
todo, creo que esa subtrama inicial de la que os hablaba tiene ciertamente un sello
femenino mucho más marcado y que la segunda parte de la novela se torna un poco
más ruda.

Es muy impactante leer sobre las bajezas de la
sociedad y más cuando nos enfrentamos al último escalón de la sociedad: esclavas
sexuales para satisfacer esclavos. Esclavos de la sociedad que malviven del
plástico; que horrorosa metáfora de la vida ahora que está en boca de todos que
los océanos están hasta límites insospechados llenos de plástico que los peces
comen y que están entrando ya en la cadena trófica.

Cuando empecé a leer la novela sentía, como
siempre, curiosidad por saber hacia dónde nos llevaba el título. No seré yo
quien lo explique, aunque he visto en algunos blogs que así se hace. Creo que
es una de las grandezas de la novela. Es un momento, por desgracia, mágico por
aquello que representa. En el párrafo anterior os he dado una pista y os dejo
caer otra: «antes
llevaban pijamas a rallas. Ahora minifaldas de colores».
Brutal,
genial, desgarrador.

Auguro muchas novelas protagonizadas por Manuela
Mauri, pues el personaje tiene gancho y mucha fuerza.


 SINOPSIS


La inspectora de homicidios Manuela Mauri lleva siete meses de baja cuando recibe la visita de la oficial Guadalupe Larbi para pedirle que se reincorpore al trabajo: sólo ella, le dice, tiene la autoridad y el empuje necesarios para sacar adelante una complicada investigación en la que la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid no consigue avanzar.



Tres meses atrás aparecieron restos humanos en los vertederos de Pinto y Valdemingómez. Pese a haber dedicado ingentes recursos, no se ha encontrado el cadáver completo y no hay una sola pista de la autoría

del crimen. Y lo que es peor: tres meses después sigue sin identificarse a la víctima. Manuela se enfrentará de esta manera al mayor desafío de su carrera como inspectora de homicidios: la Operación Vertedero.

La búsqueda de la verdad pondrá de nuevo a Manuela en el punto de mira de sus compañeros y superiores, que han perdido la confianza en ella por los hechos acaecidos en torno al suicidio del inspector jefe Alonso, por los que Manuela quedó injustamente salpicada.



Una novela que señala los puntos oscuros de nuestra sociedad, cuestionando nuestra ceguera ante el sistema en el que vivimos. Ante todo lo que la ciudad desecha y que, nos guste o no, la define.

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