Agotado,
extenuado, hacía tiempo que no acababa así después de una lectura.

Ya
me lo habían advertido, David Peace
no es un autor fácil, pero no pensé que me costara tanto ir siguiendo el ritmo
de la lectura de Tokio Año Cero.

Quizás
no sea la mejor novela para conocer al autor, no lo puedo asegurar ya que no he
leído antes nada de él, pero por lo que me comentan, creo que no estaré muy
lejos de la verdad en ese razonamiento.

Me
he quedado con un regusto un tanto amargo al finalizar la lectura. No sé, quizás
esperaba algo más, o quizás esa doble personalidad atormentada del protagonista
me ha llevado con él al agujero de sus miedos. Y es que si encaráis la lectura
veréis que casi continuamente iréis leyendo una línea del presente de la acción
y otra, en cursiva, de los tormentos, de los pensamientos, de los sufrimientos
del protagonista. Eso ha provocado que mi lectura fuera a tropicones y que en
algunos momentos no tuviera ni ganas de volver a leer por su dureza. Pero a la
vez creo que el autor ha querido generar un ambiente claustrofóbico para un
escenario que lo tuvo que ser, y mucho.

¿Y
cuál es ese escenario? La novela se inicia el día de la no-rendición de los
japoneses en 1945 para dar por finalizada la Segunda Guerra Mundial. No había
leído nunca el discurso del Emperador japonés del momento, pero entiendo como
se sintió la población al escucharlo: descolocada, no-humillada, no-rendida,
no-perdida, sin norte, sin sur, sin lugar en su propio país. Sabéis que en
Japón la palabra rendición es tabú y que antes de rendirse es mejor quitarse la
vida. El Emperador, con un discurso nada claro, da por sentado que se han
rendido, pero sin decirlo. De esa manera permite salvar la vida de todo un país
que estaba preparado para morir si hacía falta por el honor de Japón.

«Si nunca te han derrotado y
nunca has perdido. Si nunca en la vida te han derrotado. Entonces no conoces el
dolor.»

La firma de la rendición. 2 septiembre 1945

Y
mientras las tropas aliadas se hacen con el país, algunos depravados aprovechar
el desgobierno para violar y matar a sus anchas. ¿Quién se encargará de los
casos? ¿Quién investigará? Las fuerzas de la policía están mermadas y «nadie es lo que
parece ser»
.

Las
mujeres japoneses dan sexo a cambio de comida, sexo a cambio de cigarrillos
para luego venderlos como si de oro se tratara. Burdeles con más de 3000 niñas
y mujeres que satisfacen los deseos carnales de las tropas aliadas, y porqué no
decirlo, de algunos japoneses que se encuentran en una posición desahogada, o
que por su estatus, llamase policías, puede forzarlas a tener sexo con ellos.

Se
tiene la sensación en el país que se está a punto de perder una generación. Que
Japón no volverá a ser de los japoneses. Que los próximos nacimientos no
tendrán sangre japonesa. Los hombres nipones lo viven con impotencia. Ellos no
pueden ofrecer más que lo aliadas. Nervios, tensiones, agobiaos, locura, todo
ello generado por la no-rendición, por no saber dónde se encuentra uno. Y llega
el caos, las muertes, las violaciones.

Creo
que no genero ningún spoiler si os comento que es una novela basada en hechos reales, aunque yo lo he descubierto al
final de la lectura. Ahora entiendo muchas de las aberraciones, de los dramas,
de la dureza del texto. Ya se dice que la realidad supera a la ficción. En este
caso estoy totalmente de acuerdo.

Tokio
Año Cero requiere un trabajo por parte del lector. Yo hasta el momento no había
leído nada igual con los flashbacks continuos de la guerra, con las
onomatopeyas que nos muestran el continuo ruido de fondo que tuvieron que
soportar los nipones en la reconstrucción que sume aún mas si cabe a los
habitantes en un entorno claustrofóbico.

Y
para ir cerrando la reseña.

Tokio
Año Cero es una novela negra poco convencional. Dicen que bebe de Ellroy, cosa que no puedo asegurar al no haber
leído al autor, y de Murakami, cosa
que me sorprende un poco, ya que de este sí que lo he leído todo y…no creo que
Peace se le parezca.

Tokio
Año Cero es una novela lenta, sin sobresaltos, llena de disculpas, de
reverencias, con una trama complicada, muy oscura y absorbente, y esto último
no por la ganas de leer, sino por el trabajo que conlleva leerla.

¿Volveré
a leer a David Peace? No lo sé. Ahora mismo, después de lo que he pasado con
Tokio Año Cero no quiero ni planteármelo.

¿Y
vosotros, os atreveréis con esta novela?

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