Ya hacía más de un año que no publicaba una de mis
entrevista llamadas “Un café con…”
que tan buena acogida tuvieron.

Me tomé un descanso, más bien largo, pero no me he
podido resistir a invitar a café a unos de los autores que más me cautivo en
2012 con su “La tristeza del Samurai(Alrevés, 2011)” y que en pocos días presentará su nueva novela, “Respirar por la herida (Alrevés, 2013)”.

Tengo unas ganas locas de leerla, y más después del
entretenido café, que con mucho gusto, y sin pensárselo dos veces, acepto un
ocupado Víctor Del Árbol. Desde aquí
le doy las gracias por todos los cafés que nos tomamos, que fueron unos
cuantos.

Y sin más preámbulos os dejo con la entrevista:

Quizás la primera pregunta te sorprende, pero he podido leer en algunas
entrevistas que antes de publicar tu gran éxito «La tristeza del Samurai (Alrevés, 2011)» estabas muy
quemado y no tenías ganas de publicar. ¿Qué sucedió para sentirte así y que te
llevó a publicar de nuevo?

Es verdad. Verás, Con el Peso de los Muertos conseguí
algo bastante insólito: ganar un premio prestigioso (El Tiflos, con Soledad
Puértolas, Luis Mateo Díez y Manuel Longares en el jurado) sin ningún padrino.
Hubo además una editorial que quiso hacerse con los derechos, pero yo le había
dado mi palabra a un editor ya, así que la cumplí, y me equivoqué. Me mintieron
en todo desde el principio (era mi primera novela publicada, así que me lo
creía todo): la edición, la promoción, los derechos de autor. Perdí muy buenas
oportunidades por cumplir mi palabra mientras ellos se la pasaban por el forro.
Incluso hoy en día, se sigue vendiendo (resto de armario) y ni siquiera se han
dignado pagarme los derechos. Me quemé mucho, pero apareció Alrevés y todo
cambió.

Josep, el editor, me convenció para que le diera la
oportunidad de demostrar que las cosas se pueden hacer con honradez. Me
contagió su entusiasmo, y sin grandes promesas ni vender humo, empezamos a
trabajar desde muy abajo. Hoy somos, además de editor y escritor, algo muy, muy
difícil: buenos amigos. Los amigos se dicen las cosas a la cara, buscan
soluciones y siguen adelante juntos.

Pero debo confesarte que sigo con la espinita clavada
de El Peso de los Muertos.

Por lo que parece y más hoy en tiempo de crisis, se sigue repitiendo el
mismo esquema. ¿Qué le recomendarías a los escritores noveles sobre la
publicación?

Que crean en sus posibilidades sin falsos optimismos,
con los pies en el suelo. Aquí la vanidad solo sirve para enterrarte y la
bisoñez para mandarte a casa. Primero trabaja a fondo tu obra, hazla sólida y
prepárate para defenderla ante quien sea. Después ten paciencia, busca y
rebusca la editorial que pueda ajustarse a tus deseos. Piensa que más vale ser
cabeza de ratón que cola de león. No pienses en el dinero, ni en la fama, ni en
la gloria. Probablemente no llegarán. Piensa en tu obra, solo en ella.

Mira, David: yo creo que el verdadero escritor escribe por encima de
sus circunstancias, es una especie de aventurero, como un Amundsen que se
adentra en el Polo porque el polo está ahí.

Quien escribe con otros fines, se equivoca.

A la gente le gusta la vanagloria. Pero la vanagloria
es un premio muy rácano

Hay que tener claro lo que se quiere y porqué se quiere

«El peso de los muertos» fue tu primera obra, como has comentado,
y fue maltratada. ¿Existe la posibilidad de que sea de nuevo publicada por otra
editorial para el disfrute de tus seguidores?

El Peso de los muertos: está en manos de Alrevés, está
pensado reeditarla o sacarla con otra editorial en Bolsillo, ya se verá. Pero
no se va a morir, eso seguro. Es una novela que merece vivir.

Para mí es una novela muy importante. Me dio mucha fe
y muchas ilusiones. Además, creo que está a la altura, de verdad

Una buena noticia para todos tus lectores.

Hablemos un poco de Alrevés Editorial. Leí el otro día que decía Gregori
Dolz, el editor, que la filosofía de la editorial es diferente a las demás. Tú
que lo vives desde dentro, ¿qué nos puedes explicar de esa diferencia, de ese
trato? ¿Qué te sedujo para publicar con ellos?

La honestidad. Para mí es el pilar básico. Soy de la
escuela de nuestros padres. Cuando se da la palabra se cumple, cuando se
estrecha una mano se tiene un trato. Son honestos en su propuesta, no te dicen lo
que quieres oír sino que se plantean posibilidades reales. Mira, nosotros lo
discutimos todo: ejemplares de cada edición, me respetan mi opinión en el
título, la portada y el editing, no me presionan y yo no les presiono. Eso es
muy importante para mí. Y algo fundamental: vendan cinco mil o cincuenta mil,
creen en mí, no se dejan arrastrar por el pesimismo o el optimismo desmesurado.
Tienen el handicap de ser una editorial pequeña, sí, pero te aseguro que en
unos años será una editorial de referencia de las independientes.

Otro punto importante es
queapuestan por escritores de casa y eso gustó mucho. No
es un eslogan, se lo creen, y por eso han puesto en marcha colecciones en
catalán como crims.cat, o apuestas arriesgadas en la no ficción. Pasas horas
hablando de libros, y eso está bien cuando eres escritor.

Somos jóvenes, estamos ilusionados pero somos
profesionales. Una buena combinación

Antes de entrar a hablar de tu nueva publicación «Respirar por la
herida», me gustaría hablar un poco de tu vida pasada para que tus
lectores te puedan conocer mejor y vean todo el poso que está dejando en ti y
que, seguro, utilizas en tus escritos.

Mal estudiante, seminarista, Mosso
d’escuadra
, derecho, teología, historia…¿Qué nos cuentas de todo ello,
pues parece que no pega ni con cola, no?

Si miras la vida en perspectiva, no pega con cola
ninguna de las nuestras. Uno entra en este río y nada como puede, a veces se deja
arrastrar, otras nada, y muy pocas veces llegas a la orilla que soñaste.

Yo tengo suerte, soy como el personaje de Sabina, he tenido muchas pieles y
muchas vidas y cada una de ellas me ha dejado cicatrices, alegrías y experiencia.
Como a la mayoría. Sí es cierto, fui seminarista y estaba convencido de que mi
camino era ayudar a los demás. Luego me enamoré, y no hay fe más poderosa que
esa. Desde muy joven trabajé para salir adelante, es algo común a la gente de
mi generación: me marché muy joven de casa, siendo un adolescente, así que tuve
que aprender rápido. Durante veinte años trabajé como Mosso d’Esquadra en muchos sitios diferentes. No es tan distinto al
ser seminarista si lo piensas. Nunca me gustó estar en la orilla de las cosas, preferí
zambullirme en la vida, y alguna vez estuve a punto de ahogarme
,
pero siempre he pensado que vale la pena hacer algo, lo que sea, por cambiar tu
entorno. Lo sigo pensando, aunque piense que esa etapa ya se acabó para mí.

En cuanto a los estudios, nunca he tenido titulitis.
Empecé las carreras de Historia, de Derecho, de Teología, de…nunca acabé
nada. Me terminaba aburriendo, pensaba que no necesitaba el título sino el
conocimiento, y encontré el modo de obtenerlo por mi cuenta

¿Crees que tus novelas pueden llegar a cambiar algo tu entorno en el
sentido que hablábamos de estar al servicio de los demás?

Estoy convencido de ello. El arte, cualquier tipo de
arte, puede despertar conciencias (Thomas Mann llamaba a eso el poder moral de
la literatura) o puede aletargarlas con subproductos. Yo opino que la
conjunción de lo estético, lo úril y lo entretenido es compatible. Escribo con
una intención, no hay nada inocente en mi literatura. Pero trato de conjugar
todos los verbos. Entretener, apasionar y llamar a la reflexión sobre uno
mismo, el lector. Me gusta pensar que tengo las llaves de un estrecho e intrincado
laberinto, y que poco a poco voy encontrando el hilo de Ariadna.

A base de desgracias y alegrías aprendí muy niño que
la vida es muy corta, no importa cuánto vivamos, siempre será poco. Así que no
puedes pasar de puntillas sobre tu propia historia. Hay que zambullirse, y
duele, te haces daño, pero merece la pena. Me lo tomo como un paréntesis,
vivir, donde tengo que absorber todo lo que pueda. Me gusta escuchar, soy
observador, y he tenido muy buenos maestros en el colegio, en la calle, en el
seminario y en los Mossos. He tenido,
y tengo, el privilegio de rodearme de gente que sabe más que yo de esto de
vivir. Creo que eso se nota en mis novelas: ese feroz deseo de llegar hasta el
final en todo.

Antes me preguntabas por los escritores noveles: yo
añadiría a mi respuesta que hay que hacer las cosas con pasión. La pasión es
una fuerza motriz asombrosa, creer lo que haces, convencerte de que eres
escritor, que tienes algo que aportar a la rueda de nuestra historia común.

Hablemos un poco de tu anterior trabajo, «La tristeza del
Samurai». Yo he tenido la suerte de poder leerla y reseñarla, y sabes que
quedé fascinado por ella. Siempre me ha interesado el proceso creativo, y por
eso te pregunto, ¿qué te llevó a escribirla?

La necesidad y la intuición. Son dos constantes para
mí. Necesito escribir algo y no cejo hasta que intuyo el modo de hacerlo.

En la Tristeza del Samurai hay una metáfora, que es la
que me empujó a escribir: el samurai eres tú, yo, cualquiera de nosotros.
Cuando somos niños, adolescentes, tenemos todas las opciones en la mano,
creemos que podemos ser lo que queramos. Pero el tiempo, la experiencia, la vida nos va
enfrentando a nuestros límites, nos obliga a aceptar nuestras carencias,
nuestra herencia
. Soñamos ser mejores de lo que somos. Uno de los
lastres que tenemos es la memoria. No venimos de la nada, tenemos un pasado
familiar, a veces inconcluso, crecemos con esos silencios, con esos cuchicheos
tras las puertas, y cuando descubrimos quiénes fueron nuestros padres, nuestros
abuelos antes de serlo, no siempre nos gusta lo que encontramos. Heredamos sus
miedos, sus culpas.

Eso puede trasladarse a los Pueblos: La Tristeza del
Samurai es también la Tristeza de un País que se creía mejor de lo que es
,
que esperaba lo mejor después del franquismo y la guerra civil. Una sociedad
que todavía se asusta al mirarse al espejo, que siente que podría ser mejor de
lo que es pero no puede por el lastre del pasado.

De las vivencias personales y de mi afición por la
Historia nacen estas preguntas, y la conclusión de que la única escapatoria que tenemos, el único heroísmo
y dignidad a que tenemos derecho a aspirar es luchar
, luchar por
vivir a nuestra manera, por romper las cadenas de la culpa, aspirar a ese grado
de libertad personal que nos redima con nosotros mismos. Isabel y María, ambas
mujeres (muy importantes en mi vida) encarnan esa lucha.

No escribo en la Tristeza del Samurai sobre el
franquismo ni la guerra Civil, ese es el decorado. Escribo sobre esa lucha
personal contra el olvido.

Si en la «Tristeza del Samurai» escribes sobre el olvido, sobre
el peso de la culpa y en tu primer novela, «El peso de los muertos»,
he leído que hablas de la memoria, ¿qué nos vamos a encontrar en «Respirar
por la herida» tu próxima novela que sale el 28 de enero al mercado?

Respirar por la Herida es algo muy distinto a mis
anteriores novelas. El planeamiento es diferente, la ambientación es actual y
no hay saltos en el tiempo. Si en la Tristeza del Samurai los personajes
reaccionan a las circunstancias, en Respirar por la Herida lo que hacen es
aferrarse con fiereza a la vida. Lo que vamos a encontrar es ansias de vivir a costa de lo
que sea, de inventar el pasado, de inventar formas de amor, de inventar odios,
de inventar en definitiva cualquier razón que nos permita mantenernos a flote
cuando ya no podemos más.
El dolor, el sufrimiento como excusa, como
razón para seguir respirando.

Pienso en una imagen: la de un pez boqueando fuera del
agua, respirando compulsivamente por sus branquias, con la esperanza vana de
que el pescador decida devolverlo al agua. Así somos los seres humanos. Nos
aferramos a cualquier resquicio de esperanza hasta el final.

Mezcla otra vez los géneros, trhiller, negra,
psicológica, para eso están los géneros: para usarlos y trasgredirlos. No es
una novela negra al uso: aquí no hay policías, no hay detectives ni periodistas
que investigan. Aquí quién investiga es un extorturador de la DINA (la policía
secreta chilena) y un terrorista argelino muy peculiar. La verdad interesa poco
o nada, y sus métodos no son clásicos en absoluto. Son cobradores de cabelleras,
y se las cobran.

También me sumerjo en el mundo de las emociones. Me
interesaba mucho buscar diferentes formas de amor, preguntarme qué es la
lealtad, la amistad. Hasta dónde podemos llegar por salvar a quien queremos.

Creo que es una novela extraordinaria, de verdad.
Porque es polifónica, está llena de muchas vidas, de muchos modos de afrontarla.

Y tiene unos giros muy inesperados. Me gusta destruir
las certezas, que nada, absolutamente nada tiene que ser como se supone que
debe ser.

Vamos, como la vida misma

Como escritor estoy muy contento. Necesitaba dar este
salto adelante

¿Cómo van los nervios? ¿Te pones nervioso antes de saber el juicio de tus
lectores o eres de los que piensas que el trabajo está hecho y que más da?

Sí, me pongo nervioso, claro que sí. Y es bueno que
sea así. Tú tienes una novela en la cabeza y la plasmas en papel, pero no sabes
qué parte o partes llegarán al lector. Yo soy de los que piensa que un lector
siempre explica mejor las novelas que un escritor
. Porque es quién
las vive, sin ningún vínculo con el creador. En mi caso, además, se suma el
tema de haberme ido de los mossos, de
haber hecho esta apuesta tan fuerte por lo que quiero y la expectativa que ya
generó la Tristeza del Samurai.

Pero también tengo que decir que me he vaciado, he
sido honesto conmigo mismo y no he cedido a la presión. Es la historia que
quería escribir, y como quería escribirla. En ese sentido, estoy tranquilo.

Ahora toca luchar con los molinos de viento. Vendrán
los Falcones, las Sombras de Grey, los Dan Brown, y
Respirar por la Herida tendrá que estar ahí en medio, como un barquito entre trasatlánticos.
Pero ya cuento con ello y hay que luchar, no hay más. Además, yo creo en los
milagros. Y tengo una muy buena intuición con esta novela.

¿Te creo un cierto respeto enfrentarte a esta novela tras el éxito de la Tristeza
del Samurai o ya tenías camino iniciado y eso te sirvió de colchón salvavidas
frente a la página en blanco?

Yo todavía no he sufrido ese efecto o esa responsabilidad
que te paraliza. La vida es mucho más complicada, la realidad de la gente es
muy jodida, y escribir, después de todo, es algo que me construye con
naturalidad. Soy escritor, vivo como escritor, pero sé que detrás de todo esto
hay un montón de variables que yo no controlo. me preocupo por los que confían
en mí, por los que en cierto modo, dependen de mis ingresos, pero no siento
presión creativa. Mi cabeza siempre está volando y mi mano la acompaña sin
temblar.

De hecho, ya llevo un par de meses trabajando en la
próxima

¿Y ya tiene título?

Sí, de trabajo (los uso para el primer borrador.
Promete)

Necesito escribir cada día, o siento que dejo de hacer
algo fundamental

Me olvido de todo este mundillo, y me centro en la
historia, en los personajes.

Creo recordar que leí en alguna entrevista tuya anterior, que eres fan de
Haruki Murakami, escritor que a mí me apasiona. ¿Qué te gusta del él?

La fusión de géneros: la alegoría, el realismo mágico
casi de Márquez y ese toque particular tan onírico. Crea unas imágenes muy
potentes. Me descubre otros mundos.

Oye ¿qué es para ti escribir?

Ahora el café se gira. Veo que te sabes las reglas del juego, aunque yo esa
parte no te la había contado.

Escribir para mí es desnudar tu alma. Dejar de lado tus tapujos, evadirte
por completo de todo lo que te rodea, volar, contar, impresionar, llegar,…,
aunque hace tiempo que no escribo literatura con regularidad y empiezo a
olvidar porqué lo hacía. Tengo que centrarme en ello y volver a disfrutar, que
casi es el motor, disfrutar con la creación de un escenario, unos personajes,
que al principio son ficticios y luego se vuelven cotidianos al compartir mesa
contigo
.

Comparto lo de disfrutar. La sensación de que has
estado muy lejos de viaje, y cuando regresas al aquí ya no eres el mismo.

¿Eso quiere decir que no compartes los demás términos?

En parte, David. Desnudar el alma es algo más complejo
para mí.

Creo que uno de los peores frenos que tenemos es la autocensura. El miedo a ir
demasiado lejos en nosotros mismos. Yo no me psicoanalizo a través de lo que escribo, pero
soy consciente de que a veces piso terreno blando.
Aprender a
desnudarte requiere una experiencia y una confianza que tal vez aún no domino.

Utilizaré una imagen para explicártelo. Es como
ponerse delante de un espejo, a veces puedes descubrir que no te gusta quien te
mira al otro lado.

Quizás he sido demasiado poético al decirlo, quizás hubiera sido mejor
decir, abrir tu corazón, o lo que tu dices, no censurarnos y escribir aquello
que sentimos que debemos escribir.

No, lo has dicho perfectamente. Y creo que eso es la
literatura que se escribe desde la emoción.

¿Qué es para ti desnudar el alma?

Desnudar el alma no es ser exhibicionista de uno
mismo, ni pretender que los demás nos conozcan a través de lo que escribimos.
Sí, sí lo creo. Yo soy la mejor versión de mí mismo al escribir, al menos la
parte más honesta de mí mismo. Pero no creo que los demás nos lean por eso. Nos
leen porque se identifican con lo que cuento, porque les empujo a preguntarse
cosas, o simplemente porque les entretengo contando historias.

Por eso te decía que soy escritor y vivo como
escritor. Un ejemplo sería Modigliani, el pintor. Todo el mundo sabía de su talento,
él mismo era consciente, incluso el propio Picasso. Pero para Modigliani el
arte y la vida eran vasos comunicantes, y bebió ambos hasta el final. No buscaba
la fama de Picasso, ni su dinero. Buscaba ser y vivir como lo que era.

Soy un romántico, lo sé. Pero es mi opción y la asumo.

Ahora, y para acabar, te propongo un pequeño.
Te diré algunas palabras o frases cortar y me gustaría que me explicaras que
significado tienen para ti o en que te hacen pensar. Parece fácil, pero no sé
si lo será tanto.

Serías un buen
entrevistador tipo radio. Me gustan estos juegos del subconsciente.

Gracias. Ok, voy con la primera: Biblioteca

Infancia, así
sin pensarlo. Me trae recuerdos de mi madre, de la Ilíada, de tardes de
invierno.

Vázquez-Figueroa

La Iguana, Lanzarote o el arte de entretener, mis primeras lecturas en el Círculo de lectores

Montserrat

Promesas y
esperanzas. Cada libro es una ofrenda y un agradecimiento por mi vida soñada. Montserrat
es mi punto de calma, mi cordón con una fe que no es religiosa. Visita del Papa
Juan Pablo II, un seminarista fumando un pitillo bajo la lluvia y cagándose de
frío. Ese soy yo.

Premios  literarios

Una puerta de entrada, a veces una falsa puerta, pero en mi caso la oportunidad
de darme a conocer al lector. Como en todo, hay premios y premios, y no siempre
los más rutilantes son los más convenientes.

Francia: Mi
tierra de acogida literaria, donde la Tristeza ha alcanzado la condición de
best-seller, pero también donde más me han obligado a profundizar sobre las
razones de mi literatura. La tierra donde nació Lola, mi compañera inseparable.

Llorar al recibir un premio

Dos veces, la primera con el Tiflos, una explosión de incredulidad y felicidad
desconocida hasta entonces. La segunda, al recibir el premio a la mejor novela
negra europea en Francia: de felicidad, de satisfacción inmensa, de paz al
echar la mirada atrás y ver cuánto esfuerzo y cuánta ilusión hasta llegar a ese
momento, solo, después de recibir el premio y pensar en mis padres, en mis
amigos, en mi compañera.

El abismo de los Sueños

La primera
novela que escribí, finalista del premio Fernando Lara que no llegó a
publicarse, pero que un día retomaré porque está llena de buenas intenciones.

La tirada de Respirar por la herida

En una primera edición 6000 ejemplares (la primera de la Tristeza fue de 3000),
un esfuerzo titánico para Alrevés, que deberá competir con los cientos de miles
de otras ediciones de otros escritores más conocidos. Pero suficiente para que
salte la chispa y se produzca el milagro de los panes y los peces. En ello
confiamos

¿Qué estás leyendo?

Una edición preciosa de la Montaña mágica de T. Mann reeditada por Edhasa que
me han traído los reyes magos.

¿Qué volverías a leer?

«La
Peste» de Albert Camus y Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.

Víctor, ha sido un placer y una gozada conversar
contigo. Espero que Respirar por la herida tengo el mismo éxito o más que La
Tristeza del Samurai.

Muchas gracias.
Yo también me lo he pasado muy bien tomando café contigo.

¿Oye?, que no será el último.

Seguro que no




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