Un viaje nostágico al pasado. «Héroes: Silencio y Rock & Roll», el documental de Netflix

Hace unos días se estrenó, en la plataforma Netflix, el documental de Héroes del Silencio, Héroes: Silencio y Rock & Roll que repasa la historia de la banda desde sus inicios hasta su disolución en 1996.

Tengo que confesar que soy seguidor de Héroes del Silencio desde su primer disco, El mar no cesa (1988), aunque tengo el recuerdo de haber escuchado su primer EP que llevaba por título, Héroes del Silencio (1987) y que, como se explica en el documental, fue una especie de prueba de fuego. La mayoría de discográficas les había dicho que no. EMI, después de mucho insistir, y para quitárselos de encima, les puso un reto: vender 5000 copias de ese EP. Al final fueron 30000 y se tuvieron que rendir a la evidencia.

Mi intención no es hablaros de lo que se cuenta en el documental. Mi intención es hablaros de algunos de los recuerdos que me ha traído verlo y de ese viaje al pasado que, una vez finalizado el documental, provocó que me doliera el corazón. No sé si me dolió llevado por las emociones de lo vivido o por los recuerdos que me trajo.

Es obvio que es un documento que todo fan de Héroes del Silencio debería ver. Pero también se lo recomiendo a todos los amantes de la música, en especial de esa época, finales de los ochenta, principios de los noventa.

Lo primero que hice al acabar el documental, además de ponerme música del grupo, fue comprobar la fecha del concierto que dio el grupo en el Palau Sant Jordi de Barcelona y que recuerdo como brutal. Tuve la sensación de no haber estado, no me digáis porqué, pero al ver la fecha todo cuadró. Estuve allí.

Recuerdo que me acompañó un amigo de la universidad. Él no era fan del grupo, y casi se podría decir que más bien les gustaba poco. No sé cómo lo convencí, pero sí lo que dijo: «He flipado con el espectáculo». 

Tengo muy presente aquel concierto, sobre todo el momento en que Enrique Bumbury se transformó en una reencarnación de Jim Morrison; muchos lo siguen criticando por eso, pero creo que era uno de los momentos mágicos de aquel espectáculo, pura energía.

Mi pareja también se puso a buscar cosas sobre Héroes del Silencio. Quería buscar un video o unas fotografías donde Bunbury posaba como Morrison. Pero no las encontró. Lo que yo hice fue buscar el momento culminante de su transformación cuando sobre el escenario, sin camiseta, brazos en cruz y cantando «Decadencia», versaba: «Nunca podré saber. Si la cruz es salvación», y una luz lo iluminaba desde abajo.
Más Morrison imposible.

Os podría hablar de todos los momentos en que teníamos Héroes del Silencio puestos en aquellos años. Fueron cientos, quizás miles, seguro. Es escuchar unos acordes de casi cualquier canción del grupo y recordar la letra. Y mira que han pasado veinticinco años desde que se separaron y que mi memoria es muy selectiva.

Héroes del Silencio marcó una época, quizás corta, quizás, como siempre, no muy bien recibida en su propio país. Pero aquellos que los seguimos los disfrutamos a tope y muchos pensamos que esa transformación del gusano en mariposa pudiera ser uno de los detonantes de su separación. Cómo nos frotamos las manos los que, como yo, también gustaban de algo mucho más potente que el rock. Su disco Avalancha (1995) amenazaba con destruir los bafles. Lo que no sabíamos es que ese cambio era la última piedra que ahogaría al grupo por completo. De eso, y de muchas otras cosas se habla en el documental.

Quizás el recuerdo de Héroes del Silencio sea tan fuerte para muchos por esa fugacidad de ocho años que nos llenó el alma con su letras, con sus riff de guitarra, con sus solos… nunca dejarán de sonar sus canciones en nuestros corazones.

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