En la imagen su puede leer: ¿Has sonreido ya hoy?

Espero que hayáis tenido una buena entrada de año o como mínimo la mejor posible. Llevamos mucho tiempo en el límite y parece que la cosa va para largo. Por eso, lo mejor que podemos hacer es intentar buscar estímulos positivos en lo que nos rodea. Cosas negativas a nuestro alrededor ya tenemos suficiente.

Ayer mismo, recibí sin quererlo, una gran caricia de un amigo escritor. Me llegó al correo un relato suyo. Me dijo que tenía ganas de que lo leyera, que le dijera que le parecía y sí podría buscar algún punto de mejora. Y es que entre escritores nos tenemos que ayudar, y no ayudar a ponernos la soga en el cuello como muchas veces parece que sucede.

Pues bien, cuál fue mi sorpresa cuando al abrir el relato vi el nombre de mi pueblo, Begur, y luego me vi a mi mismo siendo uno de los personajes del relato. No sé si os ha pasado alguna vez a vosotros lo de protagonizar un relato, pero se me hizo muy raro leer sobre mí y además hacerlo de un mí que lleva traje. Cómo me reí. Hace años que decidí que no me iba a poner un traje impuesto por la sociedad y por eso mi sonrisa.

Del relato no os contaré más, aunque tiene un título de lo más sugerente y en el que sale el nombre de un escritor que fue más amado después de muerto que en vida. Ya pasan esas cosas y más cuando lo que uno escribe se sale de los cánones establecidos. Para daros una pista más, os diré que es conocido, por la mayoría de los lectores, por una de sus novelas inacabadas que tiene 1126 páginas y que es una delicia de lectura y no por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta.

No sé si el relato saldrá por separado, estará dentro de una antología o lo regalará a los seguidores de su lista de correo. Sea lo que sea os tendré informados, pues la historia es bonita y lo que es más bonito, es recordar al escritor protagonista.

Estaría bien que en estos días no diéramos más caricias, más guiños amables. No cuesta nada y se agradecen mucho. 

Gracias, gracias, gracias y gracias. 

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