La oscuridad apenas disimulada por el reflejo inconsistente de una vela, la despierta de un sueño inquietante. Mary escarba en esa oscuridad hasta que descubre dónde se encuentra. Villa Diodati. Al principio, le pareció buena idea hacerle una visita al gran lord Byron en aquel recóndito rincón de la campiña suiza.
Ahora, se arrepiente de haber tomado tal decisión. Detesta haber quedado confinada en esa casa. Detesta ese verano que no llega. Detesta la tormenta continua, la oscuridad continua, las tinieblas continuas. El mundo amenaza con morirse afuera, presa de la peste, de ese invierno que no acaba, del tumulto de los desarrapados muriendo de manera lenta, dolorosa, inmisericorde. Y ellos dentro de su burbuja artificial, disfrutando de una existencia artificial.
La ausencia de Percy ha dejado un frío despiadado adherido a las sábanas. Hace mucho que abandonó la alcoba, concluye. No le apetece ir en su busca, pero menos todavía quedarse en la soledad de un dormitorio ajeno. Se abriga y baja unos escalones cuya madera cruje haciendo patente su vejez. En el salón, como sombras fantasmales, los tres hombres alumbrados por el fuego de la chimenea. Percy, lord Byron, Polidori. Este último es el único que advierte su presencia en un primer momento. La mira y le sonríe, y en esa sonrisa hay algo extraño que Mary no alcanza a descifrar.
─¡Querida! ─dice al fin Percy─. ¡Llegas justo a tiempo!
─¿Y eso por qué?
─Aquí, nuestro anfitrión, estaba a punto de proponernos un juego para acabar con el hastío de este incómodo confinamiento.
─Así es ─confirma lord Byron.
─¿En qué consiste? ─pregunta Mary intrigada.
─¡Un relato!
─¿Un relato?
─Sí, una historia de terror, de fantasmas, un cuento protagonizado por espectros inimaginables. Nada más apropiado a los tiempos tormentosos que nos toca vivir, en mi opinión. Cada uno escribirá el suyo y, para que resulte más estimulante, elegiremos un ganador: el relato que más miedo dé.
Aceptado el reto, Mary se encierra y se pone manos a la obra. Es entonces cuando sus recientes pesadillas vienen en su busca y le ayudan a conformar una historia tenebrosa en la que una pobre criatura, desolada por las circunstancias, trata de encontrar su lugar en el
mundo.
Mientras, Polidori engendra un ser igual de oscuro, igual de atormentado, un ser sediento de sangre y muerte.
Y cuando llega el momento acordado, solo los dos traen bajo el brazo sus hojas manuscritas. Primero Mary, luego Polidori, leen sus relatos ante una entregada audiencia que nunca elegirá un ganador, pero que aplaudirá con entusiasmo a ambos contendientes.
La voz de la mujer es áspera, decidida, encaminada a crear la atmósfera adecuada en que mejor se pueda desenvolver su criatura. La de Polidori, más grave y más inquietante, se pierde entre sus propias tinieblas.
Cuando ambos terminan, los ojos de uno se encuentran con los de la otra en la penumbra del salón. Mary advierte en el brillo de la mirada confusa de Polidori el vacío desgarrador del monstruo de Frankenstein, mientras que este encuentra en aquella el objeto de deseo del vampiro que ha creado a través de sus palabras.
Porque Polidori ama secretamente a Mary; de una forma amarga pero sincera. Y aunque sabe que nunca se verá correspondido, ese es un sentimiento del que no conseguirá desprenderse hasta su muerte.
 
Francisco Javier Rodenas ( @FranRomi17 )
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